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martes, 2 de noviembre de 2021
martes, 19 de octubre de 2021
Jujuy
Volvíamos de unas largas y
divertidas vacaciones. Con Pablo habíamos recorrido Tilcara, Purmamarca, La Quiaca
y otras ciudades de la hermosa provincia de Jujuy. Fuimos de mochileros y sobre
el final nos habíamos quedado casi sin plata. Apenas teníamos para comprar los pasajes
de vuelta y algo más. Decidimos dormir sobre unos bancos de la estación de
tren, era verano y hacía calor. A la mañana siguiente tomamos el tren de vuelta
a Buenos Aires.
Elegimos sentarnos en un
asiento doble con otro enfrentado. El paisaje era hermoso. Nos entreteníamos
observando cada estación en la que parábamos y a la gente y vendedores
ambulantes que subían.
Cada tanto el viento traía
tremendas polvaredas que dejaban a todo el vagón y a la gente llena de polvo.
Hacía calor y nos empezó a
dar sed. Con las últimas monedas compramos una botella de agua mineral grande y
comenzamos a tomarla.
Las horas pasaban
interminables. Llegó la noche y dormimos como pudimos en el asiento.
A la mañana siguiente
comenzamos a reírnos porque notamos que los pasajeros que teníamos en el
asiento de enfrente iban cambiando pero nosotros seguíamos sentados en el mismo
lugar, en el mismo asiento, inmutables, eternos, con cada vez más polvo y más hambre.
A la tarde se nos acabó el
agua. Lo que restaba del viaje lo haríamos sin agua y sin comida. El tren había
cruzado un par de provincias pero aún quedaba un largo trecho.
Finalmente llegó la noche y
dormimos a falta de otro entretenimiento. A la mañana siguiente nos dimos
cuenta que faltaba poco. Ya estábamos en la provincia de Buenos Aires.
Estudiamos el letrero con el recorrido de las estaciones y calculamos que
faltaban un par de horas. Habíamos estado dos días sentados y durmiendo en ese
asiento, en ese vagón, en ese tren. Dos días infinitos.
¿Cuál podía ser el colmo
de alguien que deseaba tanto bajarse de ese tren? En un momento llegamos a la
estación de Vicente López, donde se bajaba Pablo, y no nos dimos cuenta. Pablo
se avivó cuando comenzó a andar el tren,
así que bajó de apuro por la ventana y yo le alcancé su mochila con el
tren en movimiento. Nos despedimos risueños y en pocos minutos más llegué a la
terminal de Retiro.
Diego Gallotti
19/10/21
domingo, 17 de octubre de 2021
miércoles, 13 de octubre de 2021
viernes, 24 de septiembre de 2021
jueves, 23 de septiembre de 2021
martes, 14 de septiembre de 2021
Aventuras y desventuras de Justo López - Capítulo 10
Por su parte
Honorio llegó a la estancia donde había trabajado con su familia y de noche se
acercó a la casita de las criadas. Llamó a su esposa y a su hija por la ventana
y se encontraron detrás de la casa. Luego de abrazarse los tres, su esposa
Juana le advirtió que la policía lo estaba buscando. Preguntó por su hijo y le
dijeron que como ya tenía diecisiete años lo habían puesto a trabajar en el
campo. Que lo iba a encontrar en la casa de los peones. Se acercó sigilosamente
a la casa de los peones y por la ventana llamó a su hijo. Casildo salió y se
encontró con su padre. Luego de un largo abrazo y de ponerse al tanto de lo
ocurrido durante tanto tiempo, Honorio le dijo que debía marcharse porque lo
buscaba la policía. Casildo le dijo que lo quería acompañar pero Honorio le
dijo que con un perseguido alcanzaba en la familia. Casildo le dijo que
prefería la vida de matrero a la de seguir siendo explotado en esa estancia.
Honorio se lo prohibió y se largó hacia el campo con una profunda tristeza.
Continuará...
Un jugador de toda la cancha
Carlos “Cachito” Fernández empezó a jugar de chico como arquero. Tenía un don natural, muy buenos reflejos y capacidad para anticipar juga...










