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viernes, 16 de abril de 2021
Próximamente se publicará mi nuevo libro
martes, 2 de marzo de 2021
lunes, 28 de diciembre de 2020
Heladería Perrini
Estaba sentado con mi
familia y parte de la familia Pereyra en una mesa en la vereda de la heladería
Perrini en Carmelo, Uruguay. Solíamos ir
a veranear a Carmelo y ese año nos hospedamos en casa de los Pereyra, amigos de
la familia. La heladería quedaba en la plaza principal. Amaba esos helados,
desde la presentación en una copa de metal, la gran variedad de sabores,
algunos no eran comunes en Buenos Aires, hasta la coronación final con una
oblea. Me encantaba observar como el frío del helado iba empañando la copa
haciéndola virar del gris plateado al blanquecino granizo.
Era carnaval y estábamos
contemplando como las comparsas danzaban alrededor de la plaza. Había música, baile,
disfraces, carrozas, luces y colores por doquier.
Yo tendría unos doce años.
En un momento algunos nos levantamos de la mesa y bajamos a la calle para
observar mejor las comparsas. De pronto un gran auto antiguo y negro pisó la
punta de mi pie derecho. Me asusté, pero increíblemente sólo sentí una pequeña
molestia, quizás debido a mi pie semiplano. En seguida me senté a descansar del
calor húmedo del verano.
Años más tarde me enteré
que el heladero Aldo Perrini había sido secuestrado y torturado hasta morir por
la dictadura cívico-militar uruguaya. Carlos Pereyra el hijo mayor de los
Pereyra también fue secuestrado y torturado pero sigue con vida y militando por
los derechos humanos en Uruguay.
Diego Gallotti
27/12/20
domingo, 29 de noviembre de 2020
jueves, 19 de noviembre de 2020
domingo, 13 de septiembre de 2020
Filadelfia
Llegamos a Filadelfia a las cinco de la mañana. Me
imaginé que a esa hora al bajar del micro iba a estar fresco. Pero no, hacía un
calor insoportable. Lo primero que le dije a Fernando fue:
¡No me quiero imaginar lo que será al mediodía!
Llegamos a una posada. En la habitación había un calor
insufrible. Se me ocurrió ducharme y sin secarme me senté en una silla debajo
del ventilador de techo para refrescarme. Fernando me imitó. Abrimos la puerta
y la ventana de la habitación para que circulara el aire. Cuándo nos
recuperamos un poco del golpe de calor, decidimos salir a conocer la colonia
menonita. Era domingo. Todo el pueblo concurría a la iglesia. Hablamos con un
cura rubio a la entrada del templo. Luego nos dirigimos a una reserva de un
pueblo originario de la zona. Fernando quiso sacarles fotos y los nativos le
pidieron dinero a cambio.
A la tarde tomamos un remis para visitar una estancia
que decían que tenía una pileta donde refrescarnos. El remisero nos contó que
por el camino de tierra arcillosa por el que transitábamos a veces se cruzaban
carpinchos, pumas, venados y hasta yaguaretés.
Llegamos a la estancia. Nos presentamos a los dueños.
Estaban bajo la sombra de un árbol tomando tereré. Nos convidaron unos sorbos.
Bajo la mesa había una tortuga enorme. Les preguntamos si podíamos ir a
refrescarnos a la pileta. Nos dijeron que si y nos indicaron el camino.
Llegamos y la pileta resultó ser un reservorio de agua que habían cavado en la
tierra. El calor era agobiante así que decidimos desvestirnos y ponernos la malla.
Los pies se nos hundían en el barro. Nos zambullimos y nadamos un rato. Un
zorro se acercó a abrevar y una rana nadaba a mi lado.
Diego Gallotti
13/9/20
sábado, 12 de septiembre de 2020
Plaza
Llegamos a la ciudad de Encarnación muy de noche y no
encontramos hospedaje. Decidimos pasar la noche en una plaza y buscar un hotel
a la mañana. Hacía calor así que usamos las bolsas de dormir sólo de
colchoneta. Las extendimos en dos bancos y nos recostamos. Estuvimos charlando
un rato y de pronto nos sobresaltó un estruendoso ruido en la calle desierta.
Miramos alrededor pero no vimos nada. La noche estaba muy oscura, cerrada. El
ruido se oía cada vez más cercano. De golpe un caballo blanco irrumpió al
galope por la calle asfaltada. Parecía desbocado, enojado. Iba sin jinete,
fantasmal, resplandeciente. Se alejó relinchando brioso y luminoso, como en un
sueño. El ruido estrepitoso de los cascos contra el asfalto se escuchó por unos
minutos más, hasta ser sólo un murmullo.
Diego Gallotti
12/9/20
Un jugador de toda la cancha
Carlos “Cachito” Fernández empezó a jugar de chico como arquero. Tenía un don natural, muy buenos reflejos y capacidad para anticipar juga...



